Cine y Filosofía desde San Blas-Quito

Friday, April 07, 2006

Sobre la Condicion Postmoderna de Jean-François Lyotard

“El Poder de Jugar”
De la verdad como juego de lenguaje.


¿Cuándo uno empieza un juego se pregunta sobre la “veracidad” de las reglas? Es cierto que hay juegos que se refieren a la realidad, pero ¿Qué sucede con una película fantástica donde la magia tiene sentido? En ese momento la verosimilitud de lo que estamos viendo o haciendo, no esta siendo discutido inmediatamente por nosotros. Lo que trato de decir es que sencillamente a diario estamos lidiando con sistemas de conocimiento y situaciones que no tienen nada que ver con un referente “cierto” o “real”. En todo momento estamos negociando con unas realidades aparentes, que funcionan cada una y por separado, con reglas y justificaciones distintas. Siguiendo este razonamiento, una de las cosas que más me impresiona es la facilidad con las que aceptamos “reglas de juego”, o también el poder que estas reglas de juego corren al momento de legitimar un discurso como válido y verdadero; finalmente, no podríamos dejar de hablar de la poca producción que hay de modos de lenguaje que nos legitimen desde una perspectiva propia

Aceptar reglas de juego; es decir, modos de lenguaje impuestos, nos sucede todo el tiempo. Como señala el texto, al usar “dichos establecidos” podríamos estar situando nuestra lectura de la realidad con un ojo y juicio específico. La pregunta es, ¿quién y desde donde se generan estas reglas del habla, estos modos del lenguaje? Considero que el problema es que muchas de estas producciones se generan desde instituciones caducas como el machismo, la familia tradicional, el ejército, e incluso desde la iglesia. Así que estos modelos de lenguaje no solo están siendo generados desde el “poder” (como figura hegemónica), sino que al establecer las “formas de jugar” se está generando continuamente focos de poder desde sectores cada vez más heterogéneos e incluso, invisibles. En términos de Baudrillard, la transparencia del mal, que se filtra en lugares inesperados y que lo contamina todo, como una gran infección.

De esta manera, esas instituciones caducas o simplemente la multiplicidad de sectores de poder, como: galería de arte, festival de cine, revista científica, o simplemente comentario de una persona reconocida; están continuamente legitimando prácticas, opciones de vida, obras de arte e incluso teorías científicas. Este “super-flotamiento” de la verdad, generada y producida desde el discurso de poder, no tiene ninguna intención con fines de “justicia”, sino que está al servicio de lo que podríamos llamar una superestructura de la pracmática del dinero. Esa trans-ética que se produce y se regenera una y otra vez desde y para el mercado de bienes. Hablo de esta “ética trastocada” como de un modo de operación (un juego de lenguaje) que continuamente se está validando a sí misma, como cuando un loco clínico se dice “yo estoy cuerdo”. De acuerdo con esta propuesta, el mercado es santo de hacer y deshacer cualquier cosa que se proponga, siempre y cuando, sea para su crecimiento y beneficio propio. Así, podríamos introducir la idea de que estamos en los tiempos de la verdad virtual o de la legitimidad digital.

Esta verdad rearmada digito por digito, cero a cero y uno a uno; a la imagen y representación de los sectores e instituciones que quieren seguir en el poder de manipularla como una fotografía dentro del ordenador. Esta imagen “limpia, real y válida” no es más que un “juego de colores” unos “legos bien armados”, una apariencia de la apariencia. Habría que capturar al titiritero de todo esto para torturarlo en nombre de la justicia, esa justicia ahora nostálgica de la que habla Lyotard hacia el final de su texto. Y, quiero aclarar, que no propongo con este análisis que “detrás de todo esto” exista UNA realidad verdadera, por lo contrario; lo que intento decir, es que cada sujeto: individual o social, tiene el derecho de producir sus relglas de auto-comprensión, su sistema de lenguaje. Donde a partir de una realidad inaprensible, pueda generar con toda justicia, un modo de entender y organizar su mundo; a partir de sus dudas, de sus necesidades y de sus deseos.

Creo que lo más violento de todo esto, es desear lo que no nos corresponde; es llegar a dudar de nuestros deseos. Cómo si en algún momento, los juegos de lenguaje impuestos, no solo organizarán nuestras sociedades y nuestras formas de consumo, sino nuestras formas de desear y nuestras formas de comunicación: intelectual, emocional e incluso corporal. Es interasante cómo esa trans-valoración de la justicia, puede tener tantos y tanto que contaminar. Si no es la racionalidad es la religión, sino es la religión son los juegos de lenguaje. Lo curioso es que el último es un arma de doble filo, pues puede ser utilizado para ser un sistema de imposición, pero contiene en sí mismo, una explosiva sustancia que lo puede transtornar por completo; como un robot con un dispositivo de auto-destrucción. Los juegos de lenguaje es una propuesta que revoluciona, desde mi punto de vista, el lugar del poder. ¿Dónde está el poder? ¿Desde donde se genera? ¿Porqué se convierte en poder? La auto-destrucción del sistema consiste en la apropiación del mismo; así, jugar sus reglas, usar su misma máscara y su misma mueca, probar los líquidos que destilan de su maquinaria, es lo que debemos hacer. Solo así un juego de lenguaje puede ser debatido y expatriado, cuando al conocerlo podemos quitar esa pequeña pieza que lo desmorona todo. Y finalmente, poder generar, con ese mismo conocimiento, un juego que nos pertenesca, como deseo y como expresión de nuestra justicia.

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