Cine y Filosofía desde San Blas-Quito

Friday, April 07, 2006

¿Porqué Filosofar? (Lyotard)

Desear el Deseo

¿Es posible plantearse desear el deseo? ¿El deseo es algo aprensible por el deseo? ¿Es una cosa o simplemente un ímpetu metafísico? Bueno, estas son preguntas que se ocasionan a partir de la lectura de ¿Porqué Filosofar? de Jean Francois Lyotard. El deseo como elemento central en toda reflexión sobre la filosofía, sobre el devenir filosófico, sobre la corporalidad filosófica y sobre su constante querer-ser-filosofía. Con esto quiero abordar, a grandes rasgos, que el porqué filosófico solo puede ser descrito como un área que se desea a sí misma; una filosofía que constantemente se pierde y eventualmente se encuentra.

Sin tener la intención de colocar a la filosofía en un lugar “eternamente ambiguo”, la lectura que quisiera realizar del texto, se encamina hacia formularse desde un ser-filosófico que se asume en toda su dimensión trágica. Quiero decir, me gustaría dar un enfoque a mi punto de vista que revise la primera parte del texto “el origen de la tragedia” de Nietzsche y lance líneas de conexión junto con “el Banquete” aunque, como sabemos, estos dos autores parecen estar disociados. Como lo expresa el mismo Nietzsche al situar a Sócrates como el asesino de la tragedia junto con Eurípides, en los capítulos posteriores de su primer libro.

La pregunta a formularse sería la siguiente: ¿Es posible hacer una comprensión del Eros de Diotima-Sócrates, a través del concepto del héroe de la tragedia griega clásica, Dioniso? Quizás puede parecer, “jalado de los pelos”, pero voy a intentar exponer mi posición, como vaya saliendo. Me sustentaré por lo pronto en este trabajo en dos puntos principales; el primero estaría relacionado con la condición del deseo, que nos presenta Sócrates en el banquete, junto al instinto dionisíaco, expuesto por Nietzsche. Y la segunda, estaría dirigida hacia comprender a la filosofía como la tarea que asume su ser-trágico en todo momento y como una manera de estar en el mundo.

Dioniso, en el origen de la tragedia, a grandes rasgos, está presentado como el Dios que viene a develar la sabiduría de la naturaleza “tal y cual es”. Es decir, este instinto dionisíaco, juega a ser, en las grandes dionisias de primavera, el ritual tránsico de presentar la cara y el hecho trágico de cómo la vida y la naturaleza opera en los mortales. En palabras del mismo Nietzsche, la sabiduría de Sileno: Dios de los bosques. Que frente a la presión del rey, le cuenta la verdad sobre la existencia humana, y el rey queda horrorizado; pues le aclara que esta, no tiene sentido alguno y que todavía, es mejor morir pronto.
Esta verdad inaprensible para el mortal cotidiano, digámoslo así, es la que manifestaba la sabiduría dionisíaca, en estos ritos, donde el Dios aparecía y se mostraba realmente en esta gran fiesta del exceso natural, donde no había público, donde la obra lo englobaba todo, como un gran trance general. Donde principalmente, y hacia allá voy, había una comprensión de la existencia como un hecho finito, pasajero, mínimo. Podemos decir que ese rostro maléfico que develaba Dioniso, es el “Krishna Devorador” (decíamos en una clase sobre Nietzsche) que muestra cómo la vida se traga y se produce constantemente en el mismo instante, como un montón de cuerpos despedazándose y otros que nacen, al mismo tiempo. Es decir, el dios que no pretende tener una imagen, sino que su cara es ninguna y toda las caras, constante y cambiante.

Este carácter Dionisiaco es el que me interesa para comprender esta relación con el Eros del Banquete. Pues es un Eros que está en constante búsqueda; que no tiene miedo de dormir en la calle o copular con una princesa. Que siempre se entrega a la vida y a la existencia con una carencia perpetua, pues es el más rico de todos. Es el Sócrates dionisíaco, el que conoce el núcleo trágico de la vida y se entrega a la ignorancia y al misterio como le venga, siendo el más sabio de Atenas. Esa “aceptación” o “videncia” del horror existencial, es el principio, desde mi punto de vista, de donde nace el carácter trágico de la filosofía. Es una actividad que constantemente se está deconstruyendo y rehaciendo, porque sabe que no tiene ningún sentido existencial el hacer castillos de arena. Todo cae, todo se pudre, todo contiene y expresa la podredumbre en sí misma. Esta sabiduría cíclica es, a mi manera de ver, el lugar de la filosofía. Que desconfía y duda de ser “una”, de decir “siempre”, “todo, “solo así”, y que se ve a sí misma y a los demás, como un hecho meramente pasajero, donde el juego de la justicia y la ética, está remitido a una indeterminación temporal.

Desear el deseo, en este sentido, es amar a la filosofía, filosofía, “amar la sabiduría”, en palabras del banquete. No se trata de estar “carente de algo”, no, y rotundamente no. Tenemos la cabeza demasiado dura como para comprender el rostro de Dioniso. Somos ricos, estamos carentes, somos carentes, estamos en auge. El deseo es la máscara de dos caras, dos diablos que se persiguen eternamente y devienen vida. Luego mueren.
Desear el deseo, es no parar de desear nunca, es acción, como lo entiendo, procreación en la belleza dirá Sócrates. ¿Pero qué es la belleza platónica del banquete? ¿Algo inerte y perfecto como se ha pensado? Ahora lo dudaría. Quizás es simplemente este estado de excitación dionisíaca-erótica donde se ha asumido ya, la vida y la filosofía tal cual son. Nada. ¿Porqué filosofar? Porque deseo de asumir un destino trágico, y me place.

1 Comments:

  • Juan Carlos mi amigo Michael te ha lynkeado en sin imprenta, www.sinimprenta.com

    pero ahi han comentado que aqui hay solo la opcion para comentar como blogger, me imaginoque es para que existan comentadores anonimos, pero la verdad es uqe mucha gente no tiene login en blogger, tambien hay como poner otras opciones, cualquier cosa avisa... ya me voy a poner a leer a mi me gustaba Lyotard luego me hice boba y ahora solo camino y leo a Bolaño

    By Blogger Edipa, at 4/12/2006 3:32 PM  

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